El aceite de semillas es bueno, aunque los beneficios nutricionales del de oliva son mayores
Desde el punto de vista nutricional, el aceite de girasol es una grasa vegetal buena, más beneficiosa que las grasas saturadas animales, aunque el aceite de oliva lo supera no solo en precio, sino también en ventajas. La diferencia está en la composición de los ácidos grasos. «En el aceite de semillas como el girasol, el ácido graso que predomina es el linoleico, que es poliinsaturado, mientras que el de oliva es en un 83% ácido oleico monoinsaturado», explica la nutricionista Julia de la Montaña. Esto quiere decir que el ácido linoleico (girasol) reduce el colesterol total y el conocido como colesterol malo , «pero disminuye también el llamado colesterol protector», afirma la experta. Por el contrario, el ácido oleico también reduce los dos primeros, pero aumenta el colesterol beneficioso.
La ingesta excesiva de ácidos poliinsaturados aumenta la susceptibilidad de oxidación de las membranas celulares. Asociada a ellos, está la aparición de otras sustancias fisiológicamente activas, los eicosanoides, «que favorecen la aparición de trombos en las arterias». Por el contrario, los eicosanoides presentes en la oliva son de otro tipo y facilitan la vasodilatación.
«En nuestras dietas predominan los ácidos grasos Omega 6 (linoleico), que no son malos, pero no tienen tantos efectos beneficiosos -explica Julia de la Montaña-. Por eso debemos buscar el equilibrio con más ácidos Omega 3 (pescado) y Omega 9 (oliva)».
En las frituras, los ácidos grasos poliinsaturados (girasol) se oxidan con más facilidad, por lo que utilizar un aceite de calidad inferior para freír es una decisión buena para el bolsillo, pero no para la nutrición.
